
Recuerdo la primera vez que vi Un cadáver a los postres: era adolescente y me atrapó desde los primeros minutos. Me fascinó aquel decorado que parecía sacado de un escenario teatral más que de un rodaje cinematográfico, y enseguida comprendí —aunque no entendiera demasiado de cine— que aquellos detectives eran versiones irónicas de figuras míticas de la literatura y del cine.
Neil Simon se divertía ridiculizando las pistas falsas, los giros imposibles y las soluciones sacadas de la manga que tantas veces aparecían en el último capítulo de las novelas policiacas. Lo convierte en un juego consciente, casi una burla cariñosa hacia las novelas que intentan engañar al lector.
El humor está presente durante toda la trama: una máquina que genera niebla, otra que fabrica tormentas artificiales, un mayordomo ciego, una cocinera sordomuda incapaz de leer, y un anfitrión que convoca a los detectives más prestigiosos del mundo para una cena… a la que él mismo no se presenta. La película avanza entre giros inesperados y situaciones absurdas, mientras cada detective expone su propia teoría con una seguridad tan desmesurada como cómica. El autor se burla así del ego desmesurado de esos investigadores legendarios y de la solemnidad con la que suelen resolver sus casos.
Sinopsis
Cinco célebres detectives, cada uno acompañado por su asistente o persona de confianza, reciben una misteriosa invitación para asistir a una “cena con asesinato” en la mansión del enigmático millonario Lionel Twain. Allí son recibidos por un mayordomo aparentemente ciego y una cocinera sordomuda. Tras una llegada llena de dificultades y una cena plagada de incidentes, Twain aparece para anunciar que a medianoche se cometerá un asesinato y que quien resuelva el caso ganará un millón de dólares.
Los detectives intentan permanecer juntos para evitar el crimen, pero pronto descubren que la mansión está llena de trampas, habitaciones ocultas y engaños. A medianoche encuentran muerto al propio Twain, apuñalado, y cada detective formula su propia teoría, revelando que todos tenían motivos para desear su muerte.
Esa noche, cada pareja sufre intentos de asesinato en sus habitaciones, pero todos sobreviven. Entonces se revela que el mayordomo no estaba muerto ni era ciego: en realidad es el propio Twain disfrazado, quien confiesa haber organizado todo como venganza porque considera que los detectives son unos farsantes que engañan a sus lectores ocultando pistas en sus novelas. Ninguno resuelve el caso y todos son expulsados sin premio.
Finalmente, cuando los invitados se marchan, se descubre la verdad última: la cocinera Yetta, que no era sordomuda, es la auténtica mente detrás de toda la trama.
Estreno
Su estreno en salas de cine de Estados Unidos tuvo lugar el 23 de junio de 1976. Su difusión abarcó países como Polonia y Hungría, Japón, Italia (participando también en el Festival de Venecia) y España.
Reparto

- Peter Sellers encarna al icónico detective chino Sidney Wang. Es una adaptación del detective Charlie Chan. Viste elaborados trajes tradicionales, tiene un marcado acento y un uso abusivo de refranes. Le acompaña su hijo adoptivo Willie Wang (Richard Narita).
- David Niven y Maggie Smith son Dick y Dora Charleston. Una pareja elegante y cosmopolita inspirada en Nick y Nora Charles. Siempre con una copa en la mano y acompañados por su perro Myron.
- James Coco es el detective belga Milo Perrier. Una clara parodia de Hércules Poirot. Glotón, lenguaraz y acompañado por su secretario Marcel Cassette (James Cromwell).
- Peter Falk encarna a Sam Diamond. Un trasunto de Sam Spade (el detective de El halcón maltés). Rudo, descortés y acompañado por su secretaria Tess Skeffington (Eileen Brennan).
- Elsa Lanchester es Jessica Marbles. Reflejo de Miss Marple de Agatha Christie. De carácter decidido, viaja con su anciana enfermera, la señorita Withers (Estelle Winwood).
- Truman Capote da vida al excéntrico anfitrión Lionel Twain. Un millonario aficionado a la electrónica y con una mansión lúgubre llena de trucos.
- Alec Guinness es el mayordomo Bensonseñora. Ciego, socarrón y protagonista de gran parte de los juegos de palabras y situaciones cómicas de la cinta.
Producción
El dramaturgo Neil Simon pretendió escribir una obra que se burlase de las convenciones de las novelas de misterio. Se inspiró en los grandes detectives literarios y probablemente en la novela Diez negritos de Agatha Christie. En total aparecen trece actores y actrices, destacando la cocinera, que sin decir una palabra, se convierte en uno de los personajes más carismáticos gracias a su expresividad.
Curiosidades fílmicas
Con ese planteamiento, Simon y el realizador Robert Moore reprodujeron las situaciones características del género, dándoles la vuelta:
- Vestuario y Música: Anne Roth se encargó del vestuario y Dave Grusin de la banda sonora. La decoración de las habitaciones está inspirada en los países de origen de los detectives.
- Título de Créditos: Las caricaturas de los créditos y el póster son obra de Charles Addams, creador de La familia Addams. Los actores se presentan “In diabolical order”.
- Valoración: Está considerada un título de culto. En IMDb mantiene un 7,4/10 y en FilmAffinity un 7,2/10. Se valora especialmente su humor absurdo y las actuaciones de Sellers, Guinness y Niven.
- Escena eliminada: Existe una escena (emitida solo en televisión) donde aparecen Sherlock Holmes y el Doctor Watson, quienes llegan tarde a la mansión tras haberse perdido.